La huella del coronavirus en la salud mental ya es profunda e irreversible y definitivamente no afecta igual a niños, jovenes y adultos. Por ello, el confinamiento social obligatorio está directamente relacionado con la presencia de factores psicosociales como el estrés, la depresión y la ansiedad que se han exacervado una vez finalizado el tiempo de cuarentena en nuestro país.

Empleando las palabras de Brooks et al, (2020); Chatterjee y Chauhan (2020), la cuarentena es la separación y restricción del movimiento de personas que han estado expuestas a una enfermedad de alto contagio para determinar si se enferman, reduciendo así el riesgo de que infecten a otros.

Así las cosas, la separación de las personas permite evitar la propagación de una enfermedad a mayor escala, buscando controlar el numero de contagios y así evitar su alta propagación. Pero definitivamente, al reducir riesgos de infección, se incrementaron efectos psicosociales en las personas asociados a estrés, ansiedad y depresión.

A nivel social, las medidas adoptadas pueden conducir a trastornos psicológicos y psiquiátricos como el estrés postraumático, confusión, frustración, depresión, ansiedad, trastornos de pánico y de conducta, por factores como separación de la familia, dolor, duelo, soledad, ira, miedo, histeria colectiva, desinformación en las redes sociales, inseguridad financiera y crisis sanitaria que no garantiza la seguridad de salud en nuestro pais a sus habitantes.

Pero ¿Qué incidencia tienen estos factores psicológicos en los hechos de violencia presentados en nuestro pais? El aumento de la violencia interpersonal en tiempos de crisis es un hecho bien documentado. Pero por supuesto, algunos aprovecharan la crisis del coronavirus para justificar hechos violentos (y de paso crisis sanitaria) para los cuales nunca se ha tenido una excusa creible en un contexto diferente, así han puesto a la enfermedad como responsable exculpando del derrumbe social y sanitario a factores inherentes del sistema social y de salud nacional.

Pero lo cierto, es que el sistema de salud en Colombia, desde hace mucho venía pareciendose mas a un adulto mayor con neumonia que a un niño con todas sus vacunas al día. Y es por eso, mas que por otros motivos, es que el coronavirus esta haciendo estragos en la salud mental de las personas.

Antes de que existiera la COVID-19, la violencia  ya era una de las violaciones de los derechos humanos más flagrantes y que paradojicamente en nuestro pais se “normalizó”. Así que atribuir hechos de violencia en Colombia a causa del confinamiento es un error de profundidad dado que la pandemia se ha sumado a un gran numero de desaciertos que consumen a Colombia en un estado de bajo control de crisis.  

Un ejemplo de ello, fueron los pronunciamientos luego de la muerte del abogado Javier Ordóñez, de 46 años en los hechos ocurridos que involucran a la Policia Nacional. Sin embargo, y sin aras de minimizar la gravedad de los hechos ocurridos, es importante mencionar que las situaciones de violencia se han agudizado con la presencia del COVID-19 en Colombia.

Por ejemplo, para muchas mujeres y niñas, la amenaza fue mayor precisamente allí donde debian estar más seguras: en sus propios hogares. Sabemos que los confinamientos y las cuarentenas son esenciales para reducir el COVID-19, pero pueden hacer que las personas, especialmente mujeres y niños se vean atrapados con parejas abusivas y entornos familiares violentos.

Según las Naciones Unidas, en los últimos 12 meses, 243 millones de mujeres y niñas (de edades entre 15 y 49 años) de todo el mundo han sufrido violencia sexual o física por parte de un compañero sentimental. Y, con el avance de la pandemia del COVID-19, es probable que esta cifra siga creciendo con múltiples efectos en el bienestar de las personas, especialmente en las mujeres, su salud mental y su capacidad de liderar la recuperación de nuestras sociedades y economías, y de participar en ella.

El coronavirus no solo no frena la violencia, sino que en muchas ocasiones la refuerza ya que las medidas de confinamiento en casa llevan a la “tormenta perfecta” de puertas a dentro, exacerbando las tensiones acerca de la seguridad, la salud y el dinero. Es entonces, como esa tensión acumulada, evidentemente refuerza actos de violencia y desahogo como los ocurridos en días pasados en nuestro pais.

Así las cosas, la inestabilidad social y los diversos escandalos que salpican al ejecutivo Colombiano, se suma que la violencia hoy en Colombia no es producto de una pandemia, la pandemia simplemente fue la “gota que reboso el vaso” por desaciertos politicos y decisivos de los cuales cargamos durante años, en una especie de adormecimiento social y cultural en el que debemos reconocer que el pais lleva mas de 50 años sumido en una crisis que no garantiza condiciones dignas de salud para enfrentar los efectos psicologicos de la pandemia.

La buena noticia, es que este escenario tambien es una oportunidad para visibilizar la importancia de trabajar en proyectos y programas de salud mental que reduzcan los factores de riesgo y fortalezcan escenarios propicios para el bienestar y calidad de vida de las personas, claro esta bajo una firme voluntad politica que refuerce y haga eco en todo el territorio nacional.

Por esta razón, el abordaje de los factores psicosociales presentes durante la pandemia por el Covid-19, requieren de estudios a profundidad y en muestras más amplias, considerando diferentes segmentos de la población y de diferentes ámbitos geográficos, a fin de contribuir a intervenciones efectivas por medio de políticas públicas de salud mental en situaciones de confinamiento, denotando que la salud física es tan importante como la salud mental.

Por: Adriana Aguirre Pacheco Psicóloga, Directora PsicoSoluciones Especialista en Gestión del desarrollo Humano Magister en gestión social y empresarial. Especial para Periódico Hoy es Viernes.