• Especial Periódico Hoy es Viernes
  • Juan Carlos Vella
  • Oscar Fernando Cortes
  • Jorge Camargo.

Un día soleado en Recetor, pequeño y verde municipio tejido en la cordillera al sur del departamento de Casanare… parece calmado  como si nada afectara y los tantos muertos, desplazados, amenazados y violentados por el conflicto armado que los visitó no los hubiera tocado.

Mientras Iván Andrei López Bernal, trabaja en la obra que pavimenta la entrada al parque principal de su municipio y distrae sus minutos construyendo sueños para los que allí habitan; recuerda en un descanso como a sus escasos 8 años de edad en el 2002, los paramilitares de Martín Llanos, hicieron presencia en sus montañas, invitando a jóvenes campesinos a ser parte de ellos y presionando a familias enteras acusándolas de ser guerrilleras.

Recuerda como cerca a la quebrada llevaban a un hombre vendado con sus manos atadas a la espalda. Este les pedía un poco de agua y cuando ya entre pedregales lo doblegaron  patadas y culatazos de sus fusiles en la espalda.

También recuerda ahora cuando se llevaron a su tío Dumar y se lo llevaron sin que hasta el sol de hoy de su paradero sepan algo.

Iván Andrei hace una pausa mientras sus ojos se aguan, mientras sollozos inundan su rostro y aprietan el alma. Recuerda como un 26 de mayo del 2003 los paramilitares asesinaron a Carlos Julio López Romero, su padre. Lo asesinaron porque si, y pasó el niño Iván Andrei de apenas 8 años, a ser el hombre de la casa, el responsable de ella,  de cuidar a su madre y sus hermanos Karla  de tres años y Juan Carlos de 9.  Pasó a ser el responsable de la casa un día antes cuando su padre le recomendó el encargo, como si supiera ya que el tiempo adjudicado para su vida se hubiera terminado. Recuerda como su padre viajaba de Recetor a San Benito y en Pueblo Nuevo los paramilitares los pararon y al intentar correr le dieron un tiro en la espalda y lo remataron con 7 tiros de pistola en la cabeza.

Tampoco entendía el niño por qué amenazaban a  su madre si algo hablaba. Porqué les tocó dejar su tierra en la vereda el Poblado Nuevo y trasladarse al casco urbano dejando todo sin poder desprenderse de sus miedos.

Le dolió el alma cuando los otros niños lo tachaban de guerrillo de paraco y lo evitaban y ninguno siquiera con sus hermanos y el jugaban

Las guerrillas del ELN y de las Farc  hicieron presencia en el municipio antes que los paramilitares pero llegaron con el mismo discurso…nada les pasaría, nada les harían y sin embargo ambos repitieron métodos, abusaron de las gentes y como si fuera poco, ambos se adueñaron de los cerros y de las gentes.

Unos fueron amparados por el mismo Estado, por su descuido, por su ausencia. Por esa mancha negra del Estado que ignora lo que a sus hijos les sucede, lo que de alguna manera necesitan y les duele. Otros, por pretender quedarse con la nada en estos pueblos como Recetor que casi de la nada viven, por pretender dominios en corredores territoriales y el paso hacia otros puntos clave para su economía y su fuerza que de tiros de fusil, insultos y bellaquerías se llena.

Como Iván Andrei, también las niñas de violencia fueron presa y las violentaron porque si y porque no, sin razones de la nada y esos ojitos que deberían ver un mundo de colores,  tuvieron que soportar el color rojo sangre y escuchar lamentos, gritos y voces de auxilio en vez de mimos, alientos y palabras que despertaran nuevos sueños.

Allí, en la vereda el Vegón, apenas a unos 20 minutos del casco urbano, se encuentra la escuelita en que aprendían los niños y el lugar mismo en que los paras decidieron hacer su punto para secuestrar, torturar y desparecer a muchos.

Como le sucedió a Edna Rocío Vega secuestrada por los paras a sus 10 años y tuvo que aguantar la presión del interrogatorio de los bandidos que pedían nombres, que exigían información sobre algunos moradores del sector.

Oír noche a noche entre la oscuridad como arrastraban nuevos cuerpos, como los desnudaban y colgaban de los pies para tortúralos a palazos, a golpes, a insultos, a cuchillo. Y como luego gritos y lamentos se iban perdiendo en un sector vecino donde al paso de los años ubicaron fosas comunes donde reposaban pedazos de cuerpos de algunos desaparecidos, pero que una avalancha en el 2015 se cargó todas esa muertes como queriendo decir que era mejor dejar en la solo historia de las mentes lo sucedido porque ni el Estado ha podido esclarecer lo sucedido y reparar a las víctimas, ni los paramilitares de Martín Llanos se desmovilizaron y simplemente muchos de ellos en la vida civil de cualquier parte hoy se encuentran y el miedo a hablar sigue vigente. Recuerda cómo se asomaba a la pequeña ventana que da por detrás del aula de clases y lugar de su cautiverio y hacia donde se llevaban las víctimas para asesinarlas.

Hoy aún se encuentran en las riberas de los ríos Sensé, Cusiana y Recetoreño, de la quebrada Sanbera; restos pequeños de huesos humanos que les aparecen a pescadores y bañistas como para que nunca se pierda del todo la memoria de una barbarie que tuvo nombres y protagonistas que están entre ellos, o están muertos o presos.

Recetor sufrió de muerte porque si y porque no, porque a algunos simplemente les pareció.